Después de esta mi primera experiencia en el mundo de la docencia me ha quedado un sabor de boca un tanto extraño. Por un lado siento que he hecho todo lo que estaba en mi mano para que los niños se sintieran cómodos y pudieran aprender algo de mí tanto como yo de ellos. Pero por otro tengo un sabor de boca un tanto agridulce por el tema de la disciplina. Realmente creo que es algo fundamental, puesto que, sin un adecuado orden de clase es muy difícil para el maestro desempeñar correctamente sus funciones, así como para los alumnos obtener un aprendizaje significativo. Pero ¿Cómo conseguir esa deseada organización y disciplina? existen, en mi opinión, dos métodos: por las malas o por las buenas. El primero de ellos te acorta el camino pero el clima de clase se ve seriamente afectado siendo ésta una "falsa disciplina" puesto que los niños no son ordenados por iniciativa propia, sino que tienen miedo del profesor. El segundo método, por las buenas, es más complicado y difícil de llevar a cabo. Realmente no sé si sabría llevar una clase aplicando esta moral, si los niños no se descontrolarían cada dos por tres y fuera imposible proseguir con las explicaciones. Creo que el segundo método es el camino que todo docente debería procurar seguir, atajar con el primer método es posible, pero se me antoja a cobardía e inhabilidad para controlar una clase mediante medios pacíficos. Con el último revuelo de dopaje que ha sufrido el deporte español, se me ocurre un símil entre estos atletas que atajan por el camino camino fácil y aquel maestro que también lo hace con sus alumnos para conseguir el objetivo.
Por todo lo demás me llevo una grata experiencia y espero que esto marche hacia delante, pondré todo de mi parte para que así sea y si, por cualquier razón en el camino siento que no estoy hecho para esto, si veo que no soy capaz de llevar una clase, de controlar su disciplina de forma ética, simplemente buscaré otra cosa a la que dedicarme.
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